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La Aldea, recorriendo todos Los Caminos: Domadores de Caballos (Primera parte)

“Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida, es abatir la vertical de fuego y enaltecer la horizontal de agua; poner un freno al aire, dos alas a la tierra. ¡Buen domador el que armoniza y tañe las cuatro cuerdas del caballo! (Cuatro sonidos en guerra forman el potro salvaje.) Y el que levanta las manos de músico y las pone sobre la caja del furor; puede mirar de frente a la Armonía que ha nacido recién y en pañales de llanto. Porque domar un potro; es como templar una guitarra.” Así describió Leopoldo Marechal el oficio del Domador, una figura legendaria en nuestras llanuras.

Darwin.

El naturalista Charles Darwin estuvo de paso por nuestro país en siglo XIX y entre todas las cosas que vio y las descripciones que dejó de estas tierras, quedó la imagen del domador criollo: «Una tarde llegó un domador con ánimo de ejercer su oficio en algunos potros», escribe Darwin. “Describiré las diligencias preparatorias de la operación porque creo que no han sido mencionadas por otros viajeros. Meten en el corral, que es un amplio cercado de estacas, una manada de potros sin domar, y cierran la entrada. Supondremos que un hombre solo ha de coger y montar un caballo enteramente extraño a silla y freno. A mi modo de ver sólo un gaucho es capaz de realizar esta hazaña. El gaucho elige su potro ya perfectamente crecido y mientras el animal corre furioso alrededor de la cerca, le arroja el lazo de modo que enganche las dos patas delanteras. Al punto, el caballo rueda por tierra, dando una fuerte caída y, en tanto que pugna por levantarse, el gaucho, manteniendo prieto el lazo forma con el resto de la correa un círculo para enganchar una de las patas traseras, precisamente por debajo del menudillo o cerneja, y tira hasta unir esta pata con las dos delanteras, y sujeta perfectamente las tres (…) El procedimiento descrito es terriblemente duro, pero a las dos o tres pruebas el caballo queda domado. Sin embargo, hasta después de algunas semanas no se le monta con bocado de hierro y barboquejo sólido, porque tiene que aprender a asociar la voluntad del jinete con la sensación de la rienda antes de que el más poderoso freno pueda serle de algún servicio».

Domadores Pampeanos.

La doma de caballos en el mundo ha utilizado la fuerza y los métodos brutales para lograr la obediencia del animal, éstas técnicas violentas se conocen con el nombre de doma tradicional. Actualmente se está revaluando la manera tradicional de adiestrar caballos; existen escuelas y domadores en todos los países que plantean una doma sin violencia y su deseo es que estas técnicas, guiadas por la lógica y la razón, sean implementadas por todas las personas que se relacionan con el caballo, sin importar la raza del equino. La doma de caballos sin violencia recibe distintos nombres dependiendo del país y el domador de donde provenga, se conoce como doma racional, doma psicológica, doma progresiva, doma natural, manejo natural del caballo, doma en libertad.

Igualmente a los domadores se les conoce con el nombre de susurradores de caballos o encantadores de caballos, a los cuales se les han otorgado poderes mágicos sobre estos. Se comprobó que no es necesario utilizar la violencia ni la fuerza bruta para domar al animal, que no es necesario atar, ahorcar y tapar los ojos de un caballo salvaje para ensillarlo y montarlo, que son la base de la doma tradicional. Este método utilizado para amansarlos es conocido como la Doma India de la Pampa Argentina. Las diferentes etapas de la Doma India son la socialización, la embozalada, la descosquillada, la cabestreada, la monta en pelo, ensillada, monta con silla y rienda. Así domaban a sus caballos los pueblos originarios,  y no había caballos mejores que aquellos en La Pampa.

Está claro que no es necesario atar, ahorcar, atar y taparle los ojos a un caballo salvaje para tocarlo por primera vez, ensillarlo y montarlo. El equino criollo se puede amansar sin utilizar la fuerza bruta ni la violencia. Para domar caballos sin violencia, la mayor fortaleza del domador debe ser la paciencia.

“Y el caballo es hermoso: su piel relampagueante como la noche; con el pulso del mar, con la graciosa turbulencia del mar: hecho a la traslación, a la batalla y a la fatiga: nuestro signo. El caballo es hermoso como un viento que se hiciera visible, pero domar el viento es más hermoso y el domador lo sabe”.

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2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

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