Cultura

La Aldea, recorriendo todos los caminos: «El Diablo Rojo»

Frente a la estación de Victorica existe una vieja casa, con su inconfundible fachada de edificio de principios del siglo XX. Muy alta, de grandes puertas y ventanas de doble hoja y pisos de pinotea. Sobre la puerta principal figura el año de su construcción y debajo está escrito, burdamente en pintura roja, un nombre inquietante: “El Diablo”. El aspecto abandonado y lúgubre de la casa, sumado al nombre pintado sobre su puerta principal, hace imaginar que aquella casa tuvo un destino oscuro. Sin embargo la historia del Diablo Rojo es otra.    

Los locales ubicados en medio de los campos, y que muchas veces precedieron a la fundación de los pueblos, se conocieron con muchos nombres: Pulperías en Buenos Aires, Boliches en La Pampa. En la memoria popular aun persiste su mala fama, eran lugares donde se podía timbiar, y templar la garganta para despuntar algún cielito o una milonga campera, que muchas veces terminaba con duelo a poncho y acero. Pero los boliches devinieron en el territorio de la pampa central en almacenes de ramos Generales, donde se podía encontrar y cambiar casi cualquier cosa y hasta un trago de ginebra… ¿Por qué no?  

Pulperías, Ramos Generales y Boliches.

Las Pulperías de la época de la colonia terminaron deviniendo, con la conquista de La Pampa, en esquinas de campo y almacenes de ramos generales donde se podía comprar desde una prenda de plata, hasta un par de alpargatas, un kilo de yerba, e inclusive conseguir el crédito necesario para sembrar la próxima cosecha, en una época en que todavía no existían los bancos en el territorio de la Pampa Central. Al final los comercios que sobrevivieron volvieron a convertirse en lo que fueron en un principio, fondas y Boliches, a la antigua usanza de las Pulperías. Esos establecimientos de campaña fueron el lugar destacado de los pueblos, “el almacén de ramos generales, sucesor de las viejas pulperías y antecesor de los modernos supermercados, concentraba buena parte del actividad económica de los pueblos recién fundados», explica Andrea Llunch. Y agrega que “los comercios rurales se encontraron intrínsecamente ligados a la puesta en producción de estas zonas y muchas veces los comerciantes, jugaron un rol importante propulsando esos mismos procesos”.

Ilustres Boliches Pampeanos.

Gerardo Kenny, antiguo poblador de Telén, recuerda los boliches de esa zona. La palabra Boliche no era un término despectivo, afirma Walter Cazenave. Así se conocían estos almacenes de campaña que vendían o intercambiaban de todo un poco, por supuesto, también bebidas alcohólicas. En la zona nunca se uso el término pulpería. En Árbol Solo, en el Departamento de Chalileo, en el Oeste de la Provincia de La Pampa, está el viejo almacén de “Lunaclick”, tal cual estaba en algún día del año 1974 cuando cerró y seguramente no muy diferente de algún otro de 1924, cuando lo abrieron. Su estructura, de adobe y chapa, todavía resiste el paso del tiempo. 

La Pulpería de Chacharramendi es un portal hacia el pasado, esta allá casi en el centro de La Pampa luciendo su apariencia originaria, reconstruida completamente nos  invita a conocer las costumbres y las tradiciones de otra época, con sus libros, sus rejas, sus troneras y cierres de prevención ante el ataque de bandoleros. La Pulpería de Chacharramendi es también conocida como el Boliche de Feito o El Viejo Almacén y constituye todo un emblema histórico de la provincia.

Y si de Boliches ilustres hablamos no se puede olvidar el viejo «Boliche «Daza», centro de reunión social de los pobladores de los alrededores, ocupados generalmente en tareas agropecuarias y otras actividades como la esquila y el desmonte. Allí se proveían de sus elementos esenciales para su subsistencia y compartían juegos de cartas, bochas y hasta carreras de caballos, muchas veces acompañados por la presencia de algún guitarrero.

El boliche está enclavado a la vera de la ruta provincial N° 18 en pleno Valle Daza. El «Boliche Daza» tenía su característica reja de madera que iba sobre el mostrador y que protegía al bolichero de algún paisano belicoso, con una pequeña ventana donde se expendían las mercaderías y bebidas. Hoy esta completamente abandonado y bastante deteriorado, apuntalado con tirantes en algunos lados.

La Esquina del Diablo Rojo.

En los datos oficiales históricos se toma como fecha de fundación y población de Victorica y su zona el año 1882, cuando llega el ejército nacional, pero ya había en la zona pobladores y aun comerciantes bolicheros, diseminados por los campos de la zona. Todavía existe en Victorica, en una esquina, frente a la estación de trenes, una casa antigua. Si uno se acerca podrá ver que sobre el umbral de su puerta figura el año 1907 y debajo escrito con ruda pintura roja puede leerse “El diablo”… El edificio está en mal estado, pero aun conserva su estructura y gran parte de sus pisos de pinotea. Si uno pide más datos se va enterar de que fue una casa de ramos generales. El día que entramos a “El Diablo Rojo”, fue con el hijo de uno de sus antiguos dueños, Viglino, y el nos contó parte de la historia de aquella casa, la otra parte de la historia la conocía Luis Roldan, reconocido historiador pampeano, quien es además oriundo de aquellos pagos.

La Casa perteneció a los Gómez, fue un almacén de ramos generales y con el tiempo, como todos esos locales, devino en Boliche. Fue entonces cuando lo compró Viglino, quien más tarde lo alquiló. El nuevo inquilino decidió rebautizar al Boliche de Gómez como “El diablo Rojo”, no se trataba de que el local albergara a mujeres que trabajaban en la noche y mucho menos estaba ligado a personas que adoraran al demonio, la historia es mucho más simple: el inquilino de Viglino era fanático de Independiente de Avellaneda y de ahí el nombre. Hoy la casa construida en 1907, que perteneció a Viglino durante 40 años y en donde funcionó “El Diablo Rojo” volvió a venderse… ¿Cuál será su destino? 

El edificio de Gómez, orillando la vía, en Victorica, vio llegar, desde sus grandes ventanas el tren por primera vez y también por última vez. El autor del libro del centenario de Victorica se pregunta: ¿Como habrá sido la vida en aquellos lugares? que todavía eran mitad fuerte y mitad pueblo…donde andaban mezclados soldados, gauchos, indios amigos y tempranos colonizadores, pueblos de frontera que eran atalaya y avanzada. El centinela otearía a lo lejos, desde lo alto del mangrullo, temiendo un último malón… y andarían las mujeres haciendo compras, porque no faltaban los Ramos Generales donde se podía comparar de todo.

La Esquina de Gómez, el Boliche de Viglino, El Diablo Rojo, frente a la estación de Victorica podría contarnos esas historias de trenes que llegaban y de médanos que volaban, si acaso pudiéramos apoyar el oído en sus paredes y entender su conversación de viejas chapas que se mueven con el viento y de pisos de pinotea que recrujen…

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2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

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