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La Aldea, recorriendo todos los caminos: «El Paraje San Roque»

“Señor, Dios todo poderoso, tú nos has revelado que toda ley se resume en el amor a ti y al prójimo. Concédenos que, imitando la caridad de San Roque, podamos ser un día contados entre los elegidos de tu Reino”.

Cada 17 de agosto se escucha esta plegaria en el Paraje San Roque, a la vera de la ruta 35, muy cerca del cruce con la ruta 4, de Los Inmigrantes. En el paraje se levanta una estatua del santo y no es de extrañarse que se encuentre allí la imagen de San Roque, profundamente venerado en el norte de Italia. De aquella península europea provinieron muchos de los inmigrantes que colonizaron la pampa en los primeros años del siglo XX.

¿Quién fue San Roque?

San Roque perteneció a la Tercera Orden de los franciscanos, una rama de esta congregación reservada a las personas laicas que quieren vivir bajo la espiritualidad de San Francisco de Asís. Así lo reconoció el Papa Pío IV en 1547. Es uno de los grandes santos populares. Su nacimiento habría tenido lugar en el año 1.300, en Montpellier, Francia. Huérfano, decidió vender toda la herencia familiar para entregar los beneficios a los pobres. Con este deseo de seguir en la pobreza a Jesús y también de enseñar la fe cristiana, inició su peregrinación a Roma.

En la zona de la Toscana, San Roque se hospedó y ayudó a las personas infectadas por la peste. Sus curaciones fueron consideradas admirables e inexplicables. Se cuenta que antes de llegar a Roma curó a un cardenal que lo presentó luego al Papa. Tanto contacto con los infectados de peste, propició que él mismo quedara contagiado y se viera obligado a retirarse en un bosque. Al Santo lo acompaña siempre un perro ¿Quien fue este perro? Fue su salvador. Cuando el santo se retiró al bosque recibía cada día la visita del perro que le llevaba un pan. La curación definitiva de San Roque fue gracias a un ángel que se le apareció. Otras versiones populares afirman que fue el mismo perro quien lo curó.

Los Ambrosino.

A 700 metros de donde se levanta la estatua de San Roque, orillando la 35,  está la casa de los Ambrosino. En el Paraje funcionó el antiguo club Juventud Unida y la escuela Nº 58. Hoy solo queda la arboleda en la que los padres de los chicos que iban a la 58 levantaron las paredes de adobe. Cuando los Ambrosino llegaron a San Roque ya había en el lugar un almacén de ramos generales que pertenecía a Tardeti. La escuela ya estaba funcionando. Los Ambrosino habían venido desde la zona de Arata. Los padres de ambos, Ema Franco y su esposo, Ángel Ambrosino, eran inmigrantes italianos, provenientes de la zona de Torino y Cuneo, en el norte de la península, y hablaban el piamontes. Allí en San Roque criaron a sus cinco hijos. En 1940, la familia inicio un negocio de ramos generales que se mantuvo por más de cincuenta años y que aun hoy, se puede visitar. Sus paredes atesoran las voces de quienes habitaron el paraje. En la década del cuarenta había muchos vecinos viviendo allí y el almacén era un punto de reunión y de abastecimiento. Como se estilaba en aquellos años se daba libreta. Todos compraban y pagan después como podían, la mayor parte de las veces lo hacían en especies, con lo que le arrancaban a la tierra. Lo mas corriente para cancelar las cuentas, solían ser los chanchos, que los Ambrosino después carneaban y convertían en facturas que vendían en toda la zona. Los chorizos, las bondiolas y las pancetas de los Ambrosino eran legendarios en la región. 

Los Bailes de San Roque.

El salón de baile que se encuentra en el Paraje San Roque pertenecía al club Juventud Unida y allí se hacían los bailes más importantes de la zona. Los 24 y 31 de diciembre venía gente de todos los pueblos de alrededor y hasta bien entrada la madrugada sonaba la música de las orquestas en los campos que estaban en plena cosecha. El club ya había empezado a funcionar en el año 1933, antes de que los Ambrosino llegaran al lugar el salón fue construido por uno de los antiguos directores dela Escuela Numero 58, Manuel Guiñazú. A los bailes del paraje San Roque solían acudir hasta 800 personas y siempre eran amenizados por orquestas, empezaban a eso de las 10 de la noche y terminaban a las tres de la mañana. Durante el resto del año la cooperadora de la 58 organizaba otros bailes, al menos dos o tres durante el año, con el objetivo de recaudar fondos para el mantenimiento de la escuela. Esos bailes tenían lugar en abril y mayo, pero no tenían la misma convocatoria que los bailes de fin de año.

Pero los tiempos cambiaron y los tranquilos danzantes de las década del 40, 50, el 60 y el 70 dieron paso a generaciones más impulsivas. Parece que se tomaba mas de la cuenta, y los ánimos se caldeaban con facilidad. A finales de la década del 80 el lanzamiento de una bengala incendio el salón, y desde entonces, ya no se hacen bailes en San Roque. Ya hace 25 años. 

La Escuela Nro.  58

La Escuela número 58, que funcionó en el Paraje San Roque fue traída de la colonia La Pastoril, en el oeste pampeano. Empezó a funcionar en el galpón de la casa de los padres de doña Ema Franco de Ambrosino. Hasta que con el trabajo de la cooperadora se levantó el viejo edificio, del que hoy solo queda un aula. El edificio nuevo se construyó en el año 1952 y es similar a otras escuelas que se hicieron en la época de Perón. En los primeros años no había jardín de infantes, pero los hijos del matrimonio Ambrosino, por su cercanía, empezaron a ir a la 58, con cinco años. En la casa de la familia paraban los maestros y el patio de la escuela era la casa y el almacén de los Ambrosino. Lilian estudió para maestra y dio clases en la escuela del paraje.

En la 58 llegaron a impartir clases hasta cuatro maestros al mismo tiempo y había muchos alumnos que llegaban desde toda la zona. Pero con el paso de los años cada vez fue mermando más la cantidad de chicos que concurrían, y hoy la escuela de San Roque lleva ya años cerrada. En la puerta de la 58, existían dos grandes caldenes. Mudos testigos de las trasnochadas de indios y criollos, que anduvieron por el pago en tiempos antiguos. Su sombra cobijó durante muchos años las risas y los juegos de los chicos de la 58. Uno de esos caldenes se cayó durante una tormenta. El camino y los años fueron socavando sus raíces y finalmente lo voltearon. El que queda mira con tristeza el camino, extrañará al hermano perdido o a los chicos de la 58 que ya no cuentan escondidas contra la madera de su pecho. 

 El día del Santo.

Cada 17 de agosto se lleva a cabo la misa de san Roque en el Paraje, donde se junta gran cantidad de gente que vivió en la zona. El día del santo es el 16 de agosto, pero se hace el 17 porque es el día que puede venir el sacerdote de Trenel a oficiar. Después de la misa, los feligreses se juntan en el Bar de los Ambrosino, se sirve café y torta. Si no hay viento ni lluvia y  el día acompaña, la misa se da al aire libre, sino el púlpito se traslada a la escuela.

Al parecer fue la esposa del Director de la 58, Doña Simona Heredia, quien principio el culto al santo. Devota de San Roque, Doña Lola, como la llamaban, cada mes de agosto invitaba a los niños del paraje a compartir las oraciones de la novena e honor a San Roque. Años mas tarde la visita del cura párroco de Trenel Celso Valla, dio lugar a la idea de levantar un monumento en honor al santo en el paraje. Sería finalmente el padre Albino Castellaro, acompañado por los vecinos quien materializaría la obra.

El 10 de noviembre de 1963 el monumento estuvo concluido.

El Convento de los Trinitarios de Arles y la ciudad de Venecia son dos de los centros de más veneración a San Roque. Y claro, el pequeño paraje en el Norte de la Provincia de La Pampa en la República Argentina, acariciado por el viento y perfumado por los trigales pródigos.


2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

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