Cultura

La Aldea, recorriendo todos los caminos: Colonia San José, los chacareros de Dios

Los alemanes del Volga llegaron a La Pampa sobre el filo del 1900. Venían desde Rusia con las manos llenas de escarchas, coaguladas en ríos congelados. Hombres y mujeres con fe de hierro sembraron en las arenas quemadas por el pampero, daba lo mismo el fuego, que el hielo, porque conocían el secreto de la tierra y porque sabían que contaban con la ayuda de su Dios…

En 1763 La Emperatriz Rusa Catalina “La Grande” publicó un edicto en el que invitaba a los campesinos y artesanos de Europa occidental a poblar las estepas rusas de las riveras aledañas al rio Volga. Un año más tarde llegarían colonos alemanes y en los siguientes cuatro años fundarían unas cien colonias, con más de 30.000 habitantes. Tras la muerte de Catalina los alemanes que habían emigrado al Volga comenzaron a ser hostigados por los zares que sucedieron a la emperatriz, que retiraron los privilegios que habían obtenido: la libertad de culto, conservación de sus costumbres, idioma, religión, educación, autonomía política y la excepción a cumplir con el servicio militar en el imperio Ruso, entre otras.

En 1877, durante la presidencia de Avellaneda, llegaron los primeros contingentes de alemanes del Volga a la Argentina. Se afincaron en Buenos Aires, Corrientes y cerca del Diamante, en Mendoza, donde fundaron General Alvear. En 1903 se fundó la colonia San Miguel Arcángel, casi en el límite de la Pampa Central, en 1907 se funda Guatraché. Así llegaron los Alemanes del Volga a la Provincia de La Pampa, la mayoría eran campesinos agricultores y pero también entre ellos artesanos: carpinteros, albañiles, herreros, sastres, zapateros y talabarteros.

La Colonia San José.

La Colonia San José, fue  oficialmente fundada en 1910, en campos de Wilfred Barón, pero ya para 1907 existían colonos alemanes del  Volga en la zona. San José pronto extendió su actividad cultural a Barón, Mauricio Mayer y Espiga de Oro. Su esplendor tuvo lugar  entre los años 1936 y 1954. En la colonia se dictaban clases de teatro, música y canto, por su puesto también de catecismo y doctrina. La cercanía de Colonia San José con Barón,  a donde llegaba el Ferrocarril, fue minando la actividad comercial y productiva de San José. Hoy solo viven allí, apenas unas decenas de personas.

Cada aldea de alemanes del Volga, era una agrupación de familias, el gobierno de la comunidad era simple, entre sus habitantes existía un fuerte sentimiento de solidaridad, de comunidad y de religiosidad. El gobierno de la colonia estaba en manos de una especie de consejo consultivo comunal, formado por todos los padres de familia, con un presidente que al mismo tiempo era el que presidia la comunidad religiosa. Cada aldea tenía su propia capilla y sacerdote o pastor, según fueran católicos o protestantes. Se festejaba con gran fervor la Navidad, el Año Nuevo y la Fiesta de Reyes. En su tiempo solían hacer rogativas por las calles aledañas a la colonia, implorando la bendición de Dios y sus santos, sobre las mieses y casas y el alejamiento de los maleficios del demonio…

Compraron comunalmente y luego se repartieron las tierras. Todas las aldeas tenían el mismo trazado: eran de una sola calle ancha, larga, cortada por una o dos calles transversales, para entrar o salir de ella. Todos los solares daban a la calle principal y eran de 20 a 50 metros de ancho y hasta de 500 metros de fondo. La estructura física de la colonia se corresponde a la estructura de las aldeas rusas. Todas las propiedades tenían la misma estructura, los primeros 50 metros de un solar se destinaban para la vivienda, en la parte trasera estaba la huerta, el jardín y mas al fondo la granja, gallineros, chiqueros y el establo, donde se guardaba alguna vaca y los caballos. La casa de familia daba con su frente a la calle principal y casi siempre única de la colonia. Al abrir a puerta estaba que era también el comedor y el lugar de reunión de la familia. General mente eran de barro, adobes, revocadas con barro también, el techo de madera, con pastos de arriba. El piso también era de barro sobado, lo que mantenía la casa fresca y limpia. Las familias de alemanes del Volga eran patriarcales, el padre mandaba mientras vivía. Frecuente los hijos mayores y ya casados seguían conviviendo en el hogar y obedecían al padre.

La Iglesia de San José.

Por la amplia libertad religiosa, cultural y educativa que les otorgó Catalina «La Grande» en Rusia, los alemanes del Volga llegaron a la Argentina reproduciendo las instituciones y entidades que tenían en Alemania. Las escuelas eran parroquiales, allí se enseñaba el idioma alemán y los principios de la religión. En nuestro país las escuelas fueron coloniales o sea del pueblo, pero como vivían en extensos campos y los niños no podían venir al pueblo todos los días, se juntaban varios vecinos y tenían un maestro pagado por ellos que vivía en alguna de las casa de campo y atendía a la instrucción de los hijos de la zona. El lugar principal en una aldea de alemanes del Volga siempre lo ocupaba el templo religioso, plantado en la mitad de la calle principal. El nombre del pueblo solía darlo el primer presidente del contingente Migratorio. En la República Argentina las colonias tomaron nombres de santos: Santa teresa, San José, Santa María, San Miguel.

Al padre Matías Saxler le toco organizar en San José la cristiandad más ferviente del territorio, con su iglesia más amplia, circundada por una veintena de capillas, que fueron a la vez cenáculo de una cincuentena de sacerdotes y religiosas. La Colonia San José es reconocida por su Iglesia que fue levantada en las primeras décadas del siglo XX y  que fue declarada Monumento Histórico Provincial el 12 de agosto de 1983 según el decreto Nº 1192. La Iglesia de San José es un antiguo edificio construido entre el 31 de octubre de 1926 y el 8 de mayo de 1927. Cuando fue inaugurado, dos mil de alemanes del Volga, con sus hijos argentinos, llegaron hasta la Colonia.

Desde lo arquitectónico, se destaca por su estilo neoclásico alemán, su torre de 23 metros y su altar realizado en mármol de Carrara. Por otra parte, su valor patrimonial reside en haber sido el centro de atracción e irradiación cultural más importante del norte pampeano, y por ser la expresión tanto de la fe como de la cultura de una de las mayores colectividades que a principios del siglo XX se instalaron en el suelo pampeano. Cada 1° de mes, la Iglesia San José recibe a cientos de feligreses para celebrar una jornada de Fe. El pueblo donde se alza la portentosa torre de la iglesia es apenas un caserío, rodeando de inmensos bosques de eucaliptos que crean un micro clima. Durante todo el día las palomas arrullan entre las ramas de los arboles, por donde se cuela el sol otoñal con dificultad, en esa paz y con la presencia cercana del campanario, cualquiera se convence de la existencia de Dios. Hasta que a última hora de la tarde llegan las hordas de loros, a pasar la noche en los bosques de San José, entonces uno puede dudar de la presencia divina o se convence definitivamente de la inmensa  misericordia de Dios, capaz de soportar hasta el infernal concierto de las bandadas de loros.

Los alemanes del Volga fundaron sus colonias en La Pampa a partir del 1900. Algunas de ellas se convirtieron en grandes centros urbanos, otras como San José, en el Norte de la Provincia, se han detenido en el tiempo. El Ferrocarril fue determinante para el progreso de San José. Las vías se fueron para Colonia Barón, a las tierras de Wilfred y hoy San José es un paraje silencioso, pero su legado de fe y trabajo se ha extendido por toda La Pampa.

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2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

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