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La Aldea, recorriendo todos los caminos: «Alambrados»

En 1882 José Hernández afirmaba con convicción: «…la modificación de mayor consecuencia introducida en la industria rural ha sido la de los alambrados”, a lo que  Domingo Faustino Sarmiento agregaba: “Antes del alambrado, podía decirse: todo el país es camino…”

La inmensidad  de la llanura cautivó a los pioneros. ¿Qué es La Pampa?, se pregunta en 1882 José Pedro Luro. Y responde: «…penetremos en el seno de ese desierto e interroguemos su suelo, sus pastos, sus médanos, sus cuadrillas de avestruces vagabundos, sus guanacos fugitivos, su horizonte sin límites y el desierto nos responderá con el incesante soplo y el monótono rumor de sus vientos. No hay un árbol a cuya sombra pueda descansar el viajero fatigado, no hay rastros de ciudad alguna, no existe un monumento que recuerde en la planicie inmensa los vestigios de una civilización extinguida, ¡nada! ¡Por doquier el silencio, la soledad, el vacío!  Pero… ¡qué poesía en esa región salvaje! ¡Cuánta majestad en ese silencio aterrador! ¡Qué grandeza en sus admirables matices! El cuadro de La Pampa es… único en su género. El hombre que la habita está obligado a experimentar las modificaciones que esta le impone. Desde su nacimiento, el gaucho no tiene ante sus ojos otro paisaje que la llanura sin fin, tapizada por una infinita variedad de plantas. La violencia de los vientos que ningún obstáculo detiene, curte su piel bronceada por el sol. Es que, posando el pie en la pampa, se siente uno sumergido en plena potencia de la naturaleza; el hombre trata de ponerse a nivel de cuanto lo rodea, aspiración innata del alma que tiende siempre a esa unión sublime que es la eterna armonía de la creación”.

El precio de la distancia

Más allá de las barreras naturales que formaban montes, ríos y arroyos, el modo más primitivo de crear artificialmente un límite en la llanura fue construyendo zanjas, y el de “zanjeador” fue un oficio rural, como sería más tarde el del alambrador. El afianzamiento en el uso del alambrado permitió delimitar las propiedades, parcelar en potreros las grandes extensiones, facilitar la cruza de haciendas criollas con reproductores seleccionados, mejorar la calidad de las pasturas y el cultivo de los campos.

Francisco Halbach, cónsul de Prusia en Buenos Aires desde 1845, fue el primer hacendado en utilizar el alambrado para cercar la totalidad del perímetro de su estancia “Los Remedios”, que comprendía lo que actualmente es el aeródromo de Ezeiza. Si bien fue un activo defensor del progreso, Sarmiento también admitió: «Hay estancieros civilizados que alambran más de la cuenta, cerrando caminos y obligando a larguísimos rodeos para encontrar la tranquera que permitiera retomar su camino».

El Estado legisló para evitar estos abusos de los que se quejó el gaucho diciendo: “No hay derecho a cerrar el camino que conozco, desde los tiempos de Catriel. Abran el cerco que quiero pasar con mi tropilla». Por eso el presidente Bartolomé Mitre dictaminó que “ningún alambrado se pondrá en adelante a la orilla de las grandes vías de comunicación sin autorización del juez de Paz respectivo”. En 1862 se estableció que quienes querían alambrar sus campos debían pedir permiso a la Municipalidad del partido correspondiente.

El gaucho que amaba la anchura de la pampa, se negó a alambrar por ser una tarea de a pie. Por eso con las primeras inmigraciones surgieron los “vascos alambradores». Algunos iniciaron sus fortunas con este trabajo. No sólo eso: hay quienes afirman que muchos gauchos usaron las boinas que trajeron aquellos vascos, a cambio de chambergos o sombreros de corazón de potro. En cualquier caso los alambrados vinieron a ponerle precio a la distancia que reinaba en la pampa. En adelante ya no sería esta la llanura inacabable, donde se podía cabalgar durante días sin encontrar otro obstáculo que el cielo por encima de la cabeza.

El Alambrado en La Pampa

No existe un registro fidedigno de cuáles fueron los primeros predios alambrados en la Provincia de La Pampa. Algunos testimonios señalan que habría sido Tomas Mason el primero en alambrar sus tierras, en Santa Rosa y la familia Bo, en General Pico. En las páginas del diario La Reforma del año 1964, Visitación Haedo, un antiguo vecino de Pico, recuerda que en 1905, no había cultivos de agricultura en la zona.“Toda la región era una inmensa pampa utilizada solamente en la cría de vacas y ovejas. Pero el ganado de aquel entonces no era de raza como el actual, si no que se trataba de vacas aspudas, criollas, había que tener un buen caballo para correrlas. Prácticamente no existían alambrados y los únicos que los tenían en sus propiedades eran Alfredo Bo y la Estancia San Martín. Por lo general las haciendas se mezclaban en esos campos sin límites  y a veces se extraviaban. En épocas del tábano o del mosquito había que andar días buscando los animales por los campos”. Los Bo, eran una familia de ganaderos propietarios de la estancia Santa Teresa, que estaba ubicada a 8 leguas de General Pico. Tenía una extensión de 5000 hectáreas y para 1916 contaba con gran cantidad de lanares, vacunos y yeguarizos. Sin negar el aporte que habrán significado los alambrados, hay que decir que algunos exageraron, llegando a negar incluso el sacrificio de quienes poblaron estas llanuras eternas, todo el merito le correspondía al alambrando. Así Juan Carlos Casas, escribió en La Prensa de Buenos Aires : “Es hora ya de que este tema del sacrificio sea corregido y que la verdad se imponga. El alambrado fue el verdadero responsable del poblamiento del campo argentino”.

Cumplimos, como desde hace algunos domingos atrás, en mostrarte estos maravillosos contenidos realizados por La Aldea, una productora pampeana que cuenta historias pampeanas. Y como te decimos, desde que comenzamos con esto, ojalá que al leerlo lo hayas disfrutado tanto como nosotros.

2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

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