Cultura

“La Aldea, recorriendo caminos”: “El País del Diablo”

“No es posible imaginar en nuestras tierras del sur, nada mas agreste y salvaje”. La aseveración corre por cuenta del Doctor Estanislao Zeballos y se refiere a aquel territorio que los araucanos llamaron el antiguo país del Diablo, ubicado entre las sierras de Lihuel Calel y el Río colorado. Por esas tierras anda el Cura Có, el mítico río de sal, que va buscando donde desaguar, el tributo de los salitrales que recorre. El país del Diablo es la patria que eligieron unos pocos para vivir. Y también es la patria, que otros abandonaron ¿Quien podría juzgar a los que se fueron? Este es el país del diablo, sembrado de sal y de espinas, donde hasta el viento pasa apurado. La Aldea TV y Pampadiario los invita a recorrerlo.   

En parte, la región conocida como el país del Diablo, está ocupada por la planicie del Cura Có por el sur y el oeste, se extiende hasta el río colorado. Es una zona casi plana, con pequeñas rugosidades, de suave pendiente hacia el este, surcada por varios valles abandonados, de rumbo oeste-este, u oeste-noreste sureste, en algunos bajos aislados y lomadas rocosas, en este sector. Es una región hidrogeológicamente poco conocida, aunque según los datos existentes contiene agua de aptitud ganadera en el sector oriental,  en el resto, salvo casos aislados, es de  mala calidad aun para esos fines.   

El Curacó.

El país del Diablo en el sur de la provincia, tiene un río que lo cruza, es el Cura Có, que quiere decir Agua de la piedra. El origen seria una aguada natural que surge dentro de un pedregal,  y que se característica por su potabilidad, dentro de la comarca de agua salada.El Río Cura có tiene un cauce definido, cubierto de vegetación. El contexto de la cubierta vegetal, compuesta por una estepa xerófila, favorece la rápida evaporación  y la infiltración de los suelos arenosos. Los caudales concentrados en la laguna Urre Lauquen y otras del complejo, ubicado mas al norte, y que se desarrollan en esta gran depresión constituyen el verdadero alimento del Cura Có. Urre Lauquen es un vasto depósito de las aguas del Chadileu vú, que es el único colector de la cuenca. Por debajo del Cauce a veces  seco del Río Cura Có, corre un Cura có subterráneo, simétrico con el superficial, según las versiones de pobladores de la zona, que extraen agua potable. Fue Estanislao Zeballos el primero en describir el Cura Co, le costó una punta de perros y un Milico, el soldado Carraco.  “No es posible imaginar en nuestras tierras del sur, nada mas agreste y salvaje, ni se conciben caracteres de otra suerte primitivos, que cuanto se mira y se siente en este río, que he tenido ocasión de recorrer antes que otro. Barrancos profundos y sombríos, festoneados aquí de arbustos espinosos, que el viento siempre mugidor balancea con violencia, cubiertos allá de matorral verde-oscuro o amarillento, escaso de la lozanía y de la frescura de las plantas, que hunden sus raíces en fuentes fecundas de vida, colinas relucientes a veces como laminas bruñidas, al ofrecer al rayo del sol la superficie de la roca viva, pálida otras veces, cuando sus taludes desnudos visten el manto árido de las arenas,  y de los guijarros, graderías ascendentes de la cuenca, acusando los diferentes niveles y las edades de los viejos aluviones, playas dilatas que absorben y difunden perezosamente el río.”

Pichi Mahuida.

Pichi Mahuida, al borde mismo del país del diablo, no es un pueblo Pampeano y solo por capricho de los hombres que aprovecharon el colorado para trazar una  línea, que separa La Pampa de Río Negro.  La región es la misma. Pichi Mahuida se fundó a comienzos del siglo XX, siguiendo el derrotero del ferrocarril y cuando los trenes  dejaron de andar entre Bahía Blanca y Zapala, languideció. Abandonado al antojo de las arenas, Pichi Mahuida es hoy  tan solo un paraje en una de las innumerables vueltas del río, copadas por los tamariscos y los sauces.  Un puñado de gente de un lado y del otro, del puente, se quedo.  Hubo un momento en donde la Escuela del pueblo, la Rural nº 179, tenía más de 1000 alumnos, hoy solo asisten unos cuantos chicos, casi todos pertenecientes a una de las familias pampeanas afincadas en la otra orilla del Colorado. La estación aun se conserva en buen estado, pero las vías ya empiezan a acusar el paso del tiempo y el olvido. El piso está sembrado de pedazos de hierro que fueron parte de los trenes, frenos, llantas y tornillos se oxidan al sol y algunos árboles han empezado a crecer. Cuatro vagones, uno de madera, están  abandonados sobre las vías. En el edificio principal, cerca del techo todavía está la marca de la crezca grande que paso por el pueblo en 1914.  Y por supuesto también está el sello de los constructores de la estación,  una placa refiere el origen del acero que se uso para fraguar aquellos rieles, Birmingham. La iglesia está cerrada, en lo alto del campanario descansan las palomas que llegan desde los montes cercanos, al atardecer. Callado el bronce de su campana, es un buen lugar para pasar la noche.  Además de las pocas familias que viven en el campo, hay un puesto policial y una delegación de Funbapa (Fundación Barrera Zoofitosanitaria Patagónica) donde dos empleados realizan verificaciones,  a los escasos vehículos que pasan por el lugar, rumbo a los campos de la zona.

Dormir en La Pampa.

Pichi Mahuida, alguna vez llego a tener 1.500 habitantes. Muchos de ellos se quedaron para siempre allí, en el país del Diablo, y se volvieron parte de la tierra, sus nombres  están grabados en piedras, en bronce o en modestas chapas, muchos se están empezando a borrar,  es que sobre el viejo cementerio de Pichi Mahuida, cerca de la estación, la pampa ha empezado a echar su manto de yuyos bravos sobre ellos.  No hay tormentos eternos para ellos, a pesar de que descansan en la geografía del país del diablo. Esos hombres y esas mujeres que allí duermen, dicen como Lucio Mansilla: “Lo confieso, en nombre de las cosas más santas, Yo no he dormido jamás mejor, ni mas tranquilamente, que en las arenas de La Pampa, sobre mi recado”.

Todos los domingos estaremos subiendo contenidos de La Aldea, una productora pampeana que cuenta historias pampeanas. Que lo disfrutes, tanto como nosotros al recibirlo y publicarlo.

2018. General Pico. La Pampa. Argentina.

Arriba