Judicial

El femicidio de Carla Figueroa en un libro de Osvaldo Aguirre

“Carla Figueroa se quedó sola”. Con esa frase, el periodista y escritor Osvaldo Aguirreresumió lo actuado por la Justicia pampeana en el caso del femicidio de la joven piquense Carla Figueroa, en diciembre de 2011, apuñalada por su pareja Marcelo Tomaselli. El femicidio, de gran impacto nacional, llevó a la derogación de la figura judicial del avenimiento en el Código Penal.

“La oscuridad dentro de mí. El relato femicida” es el nuevo libro de Aguirre, prologado por la antropóloga Rita Segato. En la publicación, un capítulo está dedicado al caso del femicidio de la joven piquense. “El crimen de Carla Figueroa es central en la historia de los femicidios. Como el de Wanda Taddei (quemada por su esposo Eduardo Vázquez) tuvo una repercusión especial, que impulsó la conciencia sobre el problema y en particular sobre el funcionamiento de la Justicia en estos casos”, dijo Aguirre a Diario Textual.

“Ella -dijo- dio un paso muy importante cuando denunció a Marcelo Tomaselli por violación. Pero después se quedó completamente sola, volvió atrás y perdonó a Tomaselli”.

“Sería necesario profundizar la reflexión sobre ese aspecto de la historia y observar el funcionamiento de las instituciones desde el momento en que ella hace la denuncia hasta el momento en que la Justicia la entrega a su verdugo. Nadie se preocupó concretamente porque tuviera el acompañamiento y la atención que necesitaba, por más que hubiera funcionarios con buenas intenciones. Y también sería interesante profundizar en la reflexión sobre el medio social en que vivió y murió Carla Figueroa, porque la violencia que sufrió no era ningún secreto, al contrario”, agregó Aguirre.

Recuerdo

La historia de Carla es sumamente dolorosa. Cuando era niña, su padre asesinó a su mamá Cristina. Carla fue testigo de ese asesinato. Se quedó sin madre y sin padre y fue criada por una hermana, Soledad.

Con 14 años, se puso de novio con Tomasselli. En 2008 tuvo un hijo, Valentín. Pero la relación con el padre era una pesadilla. En 2010, Carla -de entonces 18 años- fue violada por su pareja. Lo denunció y fue encarcelado. Luego, sin embargo, la joven firmó el llamado “avenimiento” para perdonar a su violador.

Cuatro jueces intervinientes no consintieron el “avenimiento”, pero dos de una instancia superior, del Tribunal de Impugnación Penal, lo permitieron. Con ese “perdón”, Tomaselli se casó con Carla, salió en libertad y una semana después, en la madrugada del sábado 10 de diciembre de 2011, la mató de 11 puñaladas. Lo hizo delante del hijo de ambos, de entonces 3 años, y de la madre del agresor.

Semanas atrás, la agrupación feminista Guapabanda de General Pico recordó a la joven piquense y su denuncia por violación. “Nadie la escuchó, Tomaselli fue a prisión y al año pidió casarse con Carla, por lo que fue liberado bajo la figura de ‘avenimiento’ (reconciliación) por los jueces Gustavo Jensen y Carlos Flores. Después del femicidio, la figura jurídica de avenimiento fue abolida y Tomaselli, condenado a prisión perpetua, pero los jueces no recibieron ninguna sanción. El Poder Judicial es cómplice de los femicidios”, denunció la Guapabanda.

Para Aguirre, “el hecho de que se recurriera al avenimiento tiene una carga simbólica muy fuerte. Fue entonces un ejemplo de negligencia y de desconsideración hacia las víctimas de violencia -me refiero al trámite del avenimiento, pero también a su denuncia previa por violación- y una exposición escandalosa y terrible de todos los aspectos que se traman en un femicidio”.

En el libro, el escritor, oriundo de Colón y con varios años de trayectoria en el periodismo policial, entrevistó al actual juez Alejandro Gilardenghi y a la periodista Cintia Alcaraz. “Además, accedí a los audios del juicio donde se condenó a Marcelo Tomaselli y a otros documentos judiciales, no solo relativos al crimen sino también, por ejemplo, al jury del juez Carlos Flores, y relativos a otro femicidio que ocurrió en La Pampa, el de Mirta De Marco (ocurrido en marzo de 2001).

La oscuridad

Aguirre explicó que la propuesta del libro es reconstruir cinco casos de femicidio y a través de ellos intentar una reflexión sobre distintos aspectos del problema.

“Con ese propósito entrevisté a personas que trabajan desde el movimiento feminista o desde diversas organizaciones -la socióloga Dora Barrancos, el psiquiatra Enrique Stola, la abogada Zoe Verón, la psiconalista Irene Meler, etc- y también a un hombre que está condenado por femicidio, Lucas Azcona. Al mismo tiempo trabajé con expedientes judiciales e hice entrevistas puntuales sobre los casos”, dijo.

Y con relación a los casos abordados en “La oscuridad dentro de mí”, añadió: “Los otros casos son los de Elke Yvars Beck, una mujer que trabajaba en la embajada de Alemania, en Buenos Aires, y fue asesinada en presencia de su hijo por su exesposo, el abogado y catequista Claudio López Rossi; el de Claudia Schaefer, asesinada por Fernando Farré; el de Gabriela Parra, una abogada que murió a manos de un novio de la adolescencia, Alejandro Bajeneta y el de Nicole Sessarego Bórquez, una estudiante chilena que fue asesinada una madrugada al salir del subte por Lucas Azcona”.

“Lo particular de este último caso es que Azcona -a quien entrevisté varias veces en la cárcel de Ezeiza- no tenía ninguna relación con Sessarego, simplemente la vio en la calle, la siguió unas tres cuadras y la apuñaló cuando estaba a punto de ingresar en su casa. Cada uno de estos episodios pone en evidencia aspectos cruciales de los femicidios: los lugares comunes que naturalizan los malos tratos y legitiman los crímenes, el drama de los hijos de femicidas, las formas de agresión que se encubren en la vida cotidiana, el modo en que el femicidio es un crimen que nunca ocurre por emoción violenta -como suelen defenderse los acusados- sino preparado a lo largo de una historia de violencia”.

Rita Segato

Aguirre, a modo de prólogo, cita un párrafo de un libro de la antropóloga e investigadora de la violencia machista, Rita Segato. “Su libro ‘Las estructuras elementales de la violencia’ me resultó muy importante para pensar el tema y en particular su análisis sobre la violación y los violadores. Tomé de ella una idea, que cito como epígrafe y fue un disparador del proyecto del libro: un crimen, dice, ‘es una forma de habla, parte de un discurso’, y entonces me propuse indagar qué decían los crimenes de los que me ocupaba y también de qué modo los femicidas relatan e intentan explicar sus actos”.

“En esos discursos, aunque los femicidas se declaren inocentes y nieguen las acusaciones, de todas maneras despliegan argumentos, formas de pensar y valores que no debemos perder de vista, creo, porque son las palabras que sostienen a los crímenes”, afirmó.

Y en este sentido, Aguirre dijo que es particularmente revelador el caso de Marcelo Tomaselli. “Creo que deberíamos tenerlo especialmente en cuenta en este momento, cuando los discursos de odio ocupan un lugar creciente en las redes sociales, en el periodismo y, de manera más o menos solapada, en las voces de comunicadores y de personalidades”, dijo. “Nunca se mostró arrepentido. Matar fue su forma de recuperar la virilidad, y puso como testigos a su hijo y madre. El sacrificio de Carla no surgió de un impulso sino que fue anunciado y proclamado a través del tiempo y muchos pudieron advertir ese aviso antes que Marcelo Tomaselli se encerrara con ella en la pieza donde la asesinó“. La Justicia pampeana no.

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